
Plantel docente
Titular
Rodrigo Amuchástegui
Adjunto
Carlos Bustos
Materia electiva de la carrera de Arquitectura (FADU-UBA), que se dicta en el primer cuatrimestre, los días miércoles, turno noche.
Propuesta general
La concepción de una materia filosófica denominada "Espacios de Poder y Espacios de Saber" está sustentada en la labor de problematización que elaboró Michel Foucault. El filósofo francés investigó en sus obras, varias y variadas, los “dispositivos político-culturales” de algunos momentos de la historia occidental. Nuestro propósito –continuación del iniciado por Tomás Abraham- es transmitir y profundizar estos aspectos, ampliar la perspectiva “genealógica” a otros momentos de la historia y, en particular, a la época contemporánea, centrándonos en los “dispositivos espaciales”, para continuar así la labor de Foucault, interrumpida por su muerte, y producir y colaborar en la producción de nuevas investigaciones.
Foucault estudió las configuraciones de estos espacios en El Nacimiento de la clínica, La historia de la locura en la época clásica, en Vigilar y Castigar y en múltiples artículos de sus Dits et Écrits. En estos textos, el hospital, el asilo y la prisión aparecen como coágulo de un entre-cruzamiento reticular de saber y micro-poderes. Esta imagen sanguínea nos remite en realidad, no a una obturación sino a una apertura. La materialidad definitiva de estos establecimientos son puntos privilegiados de estrategias de poder que no se imponen por la fuerza bruta sino por efectos de conocimiento y control. Las figuras del loco, el enfermo, el preso, son las primeras subjetividades de un proceso de creciente afinación. Un sinnúmero de perversiones, una proliferación de delincuencias muestran que los espacios de encierro son laboratorios en los que se multiplican las identidades. Estos espacios, evidentemente, no brotan de la tierra ni de la fecunda cabeza de algún genio. Las cosas son algo más complicadas. Son espacios inventados con requerimientos funcionales. Su diseño responde a urgencias prácticas, ético-políticas y económico-políticas.
Estos evidentes “brotes” antedichos no son fáciles de criticar. Estamos acostumbrados, arquitectos y filósofos, a distintos tipos de milagros. Los filósofos se han pasado largos tiempos repitiendo las proezas del milagro griego. Tales de Mileto miró al cielo y vio la filosofía, fue el momento inmortal en que el mito se deshizo y de sus cenizas nació el verdadero Ave Fénix: la Razón. Los arquitectos podrían contar la misma historia con un personaje alternativo. Fue Hipodamo de la misma ciudad que miró el cielo y percibió el diseño de la ciudad original.
Por supuesto que estas afirmaciones no tienen por qué producir lo que los sociólogos llaman “desencantamiento”, cuando se refieren a nuestra modernidad. Al contrario, no hay fábula más maravillosa que la historia de los hombres ni es imagen de menos valor la de un huevo planetario surcado por contingentes de inquietas hormigas que la del gran hombre que medita sentado en el bronce de Rodin.
Recuperar entonces esos espacios supone repensar pluralidades, redes, combates, trampas, detalles. Nietzsche con su Genealogía fue el hilo conductor de Foucault y, en tanto tal, abre el camino a la pequeña historia, a las materialidades microscópicas, a las anotaciones marginales y no sólo a ingentes monumentos. Quisiéramos lograr, a través de nuestras palabras, la percepción de un fresco en el que la vida cotidiana de los pueblos se manifieste a través de las obras. No dividimos obra y vida, cultura y sociedad, teoría y práctica. No nos restringimos, como indicamos al inicio, a repetir lo que Foucault expuso provocativamente. Laberintos, cavernas, urbes, desiertos, catedrales, secretarías de educación, parlamentos, viviendas, entre otros posibles, en tanto territorios no explorados por nuestro autor, están presentes en el juego del espacio, el saber y el poder. Algunos imaginarios, la mayoría de existencia material, pero todos de existencia concreta en textos que se deben recuperar. Asimismo, las formas contemporáneas en que el juego saber-poder es manifiesto nos llevará a plantearnos también el modo en que los arquitectos llevan a cabo sus actividades en tanto productores de discursos múltiples, textuales y visuales. El orden del discurso ha sido y es herramienta de reflexión de teóricos de la arquitectura y el urbanismo para repensar los límites del propio hacer. Nuestra propuesta es entonces colaborar en la sana creencia de una tarea arquitectural que no acaba en la destreza técnica o en el innato sentido estético. Nos atrevemos a concebir el trabajo del arquitecto como un ejercicio intelectual.
Objetivos
Proponemos un programa en el que la exposición de los temas se une a un proyecto de investigación. Nuestra mayor ambición pedagógica es la de despertar la curiosidad por el trabajo histórico-filosófico. Es, en principio, el campo cognoscitivo el que se considera como central a nuestros intereses pedagógicos. Pues hay informaciones específicas, terminologías, criterios, valoraciones, crítica textual, principios y generalizaciones que se deberán adquirir. Pero no es ése un punto de llegada sino de partida. Comprender e interpretar lo expuesto es el paso siguiente que se busca facilitar mediante las discusiones grupales y generales. Lo cognoscitivo se liga aquí a lo afectivo. Dichas discusiones catalizan la toma de conciencia individual y le permiten al alumno establecer las valoraciones que se pondrán en juego en la instancia investigativa. No hay mejor aprendizaje que aquel que se elabora desde las propias inquietudes. La elaboración monográfica es el momento del análisis, de las relaciones, de las extrapolaciones de lo aprendido. Los profesores como guías son ineludibles, pero es el propio alumno el que deberá sedimentar lo investigado. Por último, la posibilidad de interrelacionar los saberes así adquiridos mediante su exposición al conjunto del curso es la parte final de un recorrido que permita no solo aprender a manejar los propios discursos en relación a las miradas de los otros, sino y, volviendo al campo cognoscitivo, permitir que los otros puedan apropiarse de los saberes generados.
En síntesis, los objetivos pueden ubicarse
1. En relación con el campo del conocimiento. Se busca que el alumno adquiera
1.1. Conocimientos específicos de la historia de la filosofía y de la historia de la cultura.
1.2. Manejo de terminología específica en relación con los diversos autores y temas a tratar..
1.3. Comprensión de la interrelación entre filosofía, espacio, arquitectura y política en las diferentes épocas de la humanidad (antigua, media, moderna, contemporánea).
1.4. Habilidad para interpretar textos filosóficos.
1.5. Habilidad para aplicar los conocimientos adquiridos en la producción de investigaciones monográficas personales.
2. Con relación al campo afectivo. Se busca que el alumno adquiera:
2.1. Una perspectiva personal acerca de la vinculación del propio hacer arquitectónico-profesional con la problemática política-filosófica.
2.2. Capacidad de argumentar sus perspectivas personales con relación al resto de los integrantes de la cursada.
2.3. Compromiso con sus investigaciones personales para presentarlas y justificarlas ante el resto de los integrantes de la cursada.
Contenidos
1. Partimos de una revisión del concepto de laberinto (como confluencia de saber y poder), que no sólo nos permite situarnos en la dimensión mítico arquitectónica, sino que lo empleamos en una doble articulación, según nuestra perspectiva: como clave de interpretación epocal, diferenciando los usos del laberinto entre (antiguos, medievales y contemporáneos) y como categoría de interpretación contemporánea exclusivamente, vinculada a diferentes “lugares de paso” (Amuchástegui 1999, 2001).
2. La trilogía espacio cerrado-espacio público-espacio privado nos permite centrarnos en el estudio en la formación de la Polis griega. El pasaje del mito al logos ubica a la palabra secularizada, que habitualmente se conoce como discurso racional, en los cambios político-institucionales cuyos resultados se muestran en el siglo V aC. Haremos un análisis genealógico de la noción de isonomía mostrando que deriva de la idea de centro y de semejanza. Los repartos de botín de las cofradías guerreras son el antecedente lejano de una nueva geometría política: el círculo. El mundo religioso se sostiene en una concepción cónica del espacio con un vértice lejano e invisible, el lugar del único, y una base de máxima extensión. Estudiaremos el pasaje del cono al círculo, de una palabra esotérica a otra exo-térica, de un espacio cerrado, oculto a otro cuya necesidad será la de ser público. La noción de publicidad implica la circulación de una palabra entre semejantes, parlantes ubicados a una misma distancia del discurso del poder y con igual acceso al lugar del poder: la polis. Ágora, vida política y pensamiento sofístico están íntimamente articulados y se oponen al modelo laberíntico originario.
3. La cultura griega tiene sus formas arquitectónicas dominantes: el templo y el teatro. Analizamos la primera de ellas en relación con las ideas de distancia, límite y superficie, que dominan la práctica religiosa olímpica y determinan un culto-espectáculo, factor de cohesión y de control social. El teatro, nacido en el seno de una religiosidad de diversa matriz, el culto dionisíaco, llega sin embargo al ámbito público y cumple un curioso papel en la paideia ético-política. Su forma arquitectónica cifra su compleja función.
4. Pero junto a este espacio abierto subsiste contemporáneamente un espacio cerrado: las sectas filosóficas, cuyo modelo es la órfica pitagórica. El saber filosófico es allí pensado como conocimiento accesible a cualquiera que se someta a la disciplina de la iniciación. El conocimiento del orden matemático del mundo, de larga duración en la cultura que trasciende a su recuperación medieval, apunta a apartarse de la ciudad para regresar a ella en la figura del sabio. La caverna platónica, en donde el exterior solar es equivalente al conocimiento esencial, es la contracara de la oscuridad laberíntica y dibuja en el siglo IV la figura del rey filósofo.
5. Las filosofías morales, el estoicismo y el epicureísmo, constituyeron durante los tres primeros siglos de nuestra era un símil de religión oficial. Sus consejos prácticos tienen un objetivo: la autarquía, el poder sobre sí mismo. Este resultado es el fruto de lo que Foucault define como “tecnologías del yo”. Se trata de construir un yo según un ideal, el del sabio. Y el sabio actúa en la ciudad. Estudiaremos el pasaje del discurso estoico al del cristianismo primitivo y sus implicancias ideales. Del sabio al santo, del espacio urbano cosmopolita al espacio de la soledad monástica. El desierto es otra categoría espacial que forma parte de los imaginarios filosóficos cristianos en oposición al orden urbano. La anacoresis de los cristianos de Oriente se opone a la filantropía urbana como la pureza del desierto a la corrupción de la nueva Babilonia que finalmente caerá en la decadencia.
6. La elevación de las catedrales góticas recuperará la espectacularidad. Estos edificios de piedra, vidrio y luz pueden ser pensados como enormes máquinas de conversión que, en tanto tales, han ciertamente funcionado como condiciones necesarias, aunque no suficientes para la expansión del catolicismo y, por ende, de la llamada cultura occidental. El brillo del oro y las piedras preciosas, las esculturas que participan en el combate contra la herejía son parte de un complejo dispositivo que cobra mayor peso bajo el invento de los vitrales, en tanto instrumentos pedagógicos de finalidad catequizante. El París del siglo XII unifica en sus construcciones un modelo que será ampliamente repetido. La filosofía neoplatónica del Pseudo Dionisio Areopagita es el guión que el abad Suger de Saint Denis traducirá en la piedra. Una proyección moderna de la lógica catedralicia puede encontrarse en la Secretaría de Educación Pública del filósofo mexicano José Vasconcelos. Si el modelo catedralicio nos permite pensar la formación de una cultura, el modelo de la Secretaría, como edificio inaugurador del muralismo aparece como cumpliendo una función esencial a la constitución de una identidad, en este caso la mexicana.
7. Teniendo como referencia el antecedente nietzscheano, principalmente el establecido en Genealogía de la moral, este punto tiene por referente la temática de la formación disciplinaria de los sujetos y la función del encierro. En el mundo griego de saberes ocultos y poderosos que prohibía el acceso a las fuentes del saber y del conocimiento a unos pocos, designados por lo divino o por su propia capacidad encontramos ya los espacios cerrados. Los espacios de encierro aparecen como un reverso del cerrado.
En estos dispositivos el operativo de encierro prohíbe la circulación por los espacios abiertos, legales. Se puede encerrar de los modos más diversos y la historia de la humanidad es una muestra de la imaginación al servicio de la exclusión. Siguiendo la obra de Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, describiremos el tránsito por instituciones que corresponden a diversas formas de encierro. Los leprosarios, las naves de los locos, los hospitales generales y los asilos para alienados conforman distintas alternativas de inclusión/exclusión. Al desaparecer la lepra el leproso es reemplazado por el loco. El loco está signado por el destino. El medioevo produce en lo imaginario y en lo real la figura de la deriva, de la nave de los locos que boga entre las ciudades fortificadas. Este tipo de encierro resulta de un mundo en el que el “más allá” es anunciador de lo terrible, en el que lo que viene de afuera y arriba descifra la verdad de aquí abajo. El loco medieval es un anunciador, la voz de Satán resuena con la misma fuerza que la del Señor. En las oscuras épocas del medioevo la razón aún respeta la locura.
El Renacimiento, la Reforma y la Contrarreforma se levantan como un nuevo marco de la figura de la Razón y nos presentan a un loco que ya es un idiota, un tonto. El antiguo terror que producía se convierte en risa. La nueva atmósfera intelectual que anuncia los tiempos modernos sitúa a la virtud en el trabajo. Poco a poco todos los seres improductivos estarán confundidos en esta nueva impotencia: no sirven. El nuevo lugar del gran encierro será llamado Hospital General. El espacio social nos mostrará una superficie lisa interrumpida por cráteres compactos y apagados: los espacios de reclusión.
Los tiempos de la Revolución Francesa son tiempos de liberación de locos. El loco será un ser específico, una especie discriminada en el orden de lo marginal. Se lo definirá como alienado, alguien que adolece de la pérdida de una parte de su razón, de su universalidad, y que los médicos alienistas ayudaran a recuperar y para ello tendrán sus espacios exclusivos, el asilo de alienados.
En Vigilar y Castigar, Foucault estudia el nacimiento de la prisión. Parece una evidencia que el infractor deba ser encerrado y, sin embargo, no es así. La prisión es un proyecto de nuestra modernidad. Analizaremos el paradigma de la pena situándolo primero en la plaza de los suplicios, una crueldad transformada en espectáculo. El ascenso de la burguesía corresponde a una nueva concepción de los cuerpos. El proceso de industrialización sólo puede llevarse a cabo si el cuerpo sinónimo de fuerza de trabajo es aprovechado en todas sus cualidades rendidoras. Los reformadores franceses del siglo XVIII elaboran una concepción del castigo apelando a la reeducación pertinente a su nueva propuesta. Fue Jeremías Bentham el que creó el diseño de un proyecto político-arquitectural que llamó Panóptico y destino como modelo ideal de las prisiones. Foucault llama sociedad disciplinaria al proyecto social en el que la vigilancia hace prescindible la crueldad. Cuarteles, escuelas, prisiones, fábricas, hospitales, deben ser diagramados de modo tal que los cuerpos sean visibles en su más fina transparencia, analizados al detalle, cronometrado su tiempo, calculadas sus posturas más acordes a la eficiencia, es necesario producir un cuerpo disciplinado para lograr el cuerpo productivo.
8. Introducimos el pensamiento de Gilles Deleuze, de explícito cuño nietzscheano y relación amistosa aunque polémica con el pensamiento de Foucault, por su innegable presencia en ciertas tendencias de la teoría arquitectónica actual. La estructura del conocimiento abandona su modelo arbóreo: en Mil mesetas, Deleuze propone la idea de un conocimiento de crecimiento aleatorio y no jerarquizado, sin centro ni periferia, la idea de “rizoma”. Defensa de la diferencia, de lo múltiple, de lo otro, de un “pensamiento nómada”. Revisamos su caracterización del pliegue leibniziano en la articulación de la fachada independiente y el interior autónomo de la arquitectura barroca.
9. Finalmente, la concepción foucaultiana ha tenido repercusión en distintos especialistas del espacio. La “caja de herramientas” conceptuales ha sido aplicada en diferentes vertientes. Tanto para refundar una ciencia del espacio como es la geografía en el caso de Edward. Soja, como para repensar edificios contemporáneos en relación con los textos que los preceden y continúan como son los análisis discursivos y visuales que realizan la dupla Markus-Cameron o para replantear los poderes de los arquitectos y planificadores en sus prácticas profesionales y pedagógicas, como hace como Fischler, para citar algunos que hemos relevado en nuestra búsqueda de mantener actualizada la problemática de la materia.
Titular
Rodrigo Amuchástegui
Adjunto
Carlos Bustos
Materia electiva de la carrera de Arquitectura (FADU-UBA), que se dicta en el primer cuatrimestre, los días miércoles, turno noche.
Propuesta general
La concepción de una materia filosófica denominada "Espacios de Poder y Espacios de Saber" está sustentada en la labor de problematización que elaboró Michel Foucault. El filósofo francés investigó en sus obras, varias y variadas, los “dispositivos político-culturales” de algunos momentos de la historia occidental. Nuestro propósito –continuación del iniciado por Tomás Abraham- es transmitir y profundizar estos aspectos, ampliar la perspectiva “genealógica” a otros momentos de la historia y, en particular, a la época contemporánea, centrándonos en los “dispositivos espaciales”, para continuar así la labor de Foucault, interrumpida por su muerte, y producir y colaborar en la producción de nuevas investigaciones.
Foucault estudió las configuraciones de estos espacios en El Nacimiento de la clínica, La historia de la locura en la época clásica, en Vigilar y Castigar y en múltiples artículos de sus Dits et Écrits. En estos textos, el hospital, el asilo y la prisión aparecen como coágulo de un entre-cruzamiento reticular de saber y micro-poderes. Esta imagen sanguínea nos remite en realidad, no a una obturación sino a una apertura. La materialidad definitiva de estos establecimientos son puntos privilegiados de estrategias de poder que no se imponen por la fuerza bruta sino por efectos de conocimiento y control. Las figuras del loco, el enfermo, el preso, son las primeras subjetividades de un proceso de creciente afinación. Un sinnúmero de perversiones, una proliferación de delincuencias muestran que los espacios de encierro son laboratorios en los que se multiplican las identidades. Estos espacios, evidentemente, no brotan de la tierra ni de la fecunda cabeza de algún genio. Las cosas son algo más complicadas. Son espacios inventados con requerimientos funcionales. Su diseño responde a urgencias prácticas, ético-políticas y económico-políticas.
Estos evidentes “brotes” antedichos no son fáciles de criticar. Estamos acostumbrados, arquitectos y filósofos, a distintos tipos de milagros. Los filósofos se han pasado largos tiempos repitiendo las proezas del milagro griego. Tales de Mileto miró al cielo y vio la filosofía, fue el momento inmortal en que el mito se deshizo y de sus cenizas nació el verdadero Ave Fénix: la Razón. Los arquitectos podrían contar la misma historia con un personaje alternativo. Fue Hipodamo de la misma ciudad que miró el cielo y percibió el diseño de la ciudad original.
Por supuesto que estas afirmaciones no tienen por qué producir lo que los sociólogos llaman “desencantamiento”, cuando se refieren a nuestra modernidad. Al contrario, no hay fábula más maravillosa que la historia de los hombres ni es imagen de menos valor la de un huevo planetario surcado por contingentes de inquietas hormigas que la del gran hombre que medita sentado en el bronce de Rodin.
Recuperar entonces esos espacios supone repensar pluralidades, redes, combates, trampas, detalles. Nietzsche con su Genealogía fue el hilo conductor de Foucault y, en tanto tal, abre el camino a la pequeña historia, a las materialidades microscópicas, a las anotaciones marginales y no sólo a ingentes monumentos. Quisiéramos lograr, a través de nuestras palabras, la percepción de un fresco en el que la vida cotidiana de los pueblos se manifieste a través de las obras. No dividimos obra y vida, cultura y sociedad, teoría y práctica. No nos restringimos, como indicamos al inicio, a repetir lo que Foucault expuso provocativamente. Laberintos, cavernas, urbes, desiertos, catedrales, secretarías de educación, parlamentos, viviendas, entre otros posibles, en tanto territorios no explorados por nuestro autor, están presentes en el juego del espacio, el saber y el poder. Algunos imaginarios, la mayoría de existencia material, pero todos de existencia concreta en textos que se deben recuperar. Asimismo, las formas contemporáneas en que el juego saber-poder es manifiesto nos llevará a plantearnos también el modo en que los arquitectos llevan a cabo sus actividades en tanto productores de discursos múltiples, textuales y visuales. El orden del discurso ha sido y es herramienta de reflexión de teóricos de la arquitectura y el urbanismo para repensar los límites del propio hacer. Nuestra propuesta es entonces colaborar en la sana creencia de una tarea arquitectural que no acaba en la destreza técnica o en el innato sentido estético. Nos atrevemos a concebir el trabajo del arquitecto como un ejercicio intelectual.
Objetivos
Proponemos un programa en el que la exposición de los temas se une a un proyecto de investigación. Nuestra mayor ambición pedagógica es la de despertar la curiosidad por el trabajo histórico-filosófico. Es, en principio, el campo cognoscitivo el que se considera como central a nuestros intereses pedagógicos. Pues hay informaciones específicas, terminologías, criterios, valoraciones, crítica textual, principios y generalizaciones que se deberán adquirir. Pero no es ése un punto de llegada sino de partida. Comprender e interpretar lo expuesto es el paso siguiente que se busca facilitar mediante las discusiones grupales y generales. Lo cognoscitivo se liga aquí a lo afectivo. Dichas discusiones catalizan la toma de conciencia individual y le permiten al alumno establecer las valoraciones que se pondrán en juego en la instancia investigativa. No hay mejor aprendizaje que aquel que se elabora desde las propias inquietudes. La elaboración monográfica es el momento del análisis, de las relaciones, de las extrapolaciones de lo aprendido. Los profesores como guías son ineludibles, pero es el propio alumno el que deberá sedimentar lo investigado. Por último, la posibilidad de interrelacionar los saberes así adquiridos mediante su exposición al conjunto del curso es la parte final de un recorrido que permita no solo aprender a manejar los propios discursos en relación a las miradas de los otros, sino y, volviendo al campo cognoscitivo, permitir que los otros puedan apropiarse de los saberes generados.
En síntesis, los objetivos pueden ubicarse
1. En relación con el campo del conocimiento. Se busca que el alumno adquiera
1.1. Conocimientos específicos de la historia de la filosofía y de la historia de la cultura.
1.2. Manejo de terminología específica en relación con los diversos autores y temas a tratar..
1.3. Comprensión de la interrelación entre filosofía, espacio, arquitectura y política en las diferentes épocas de la humanidad (antigua, media, moderna, contemporánea).
1.4. Habilidad para interpretar textos filosóficos.
1.5. Habilidad para aplicar los conocimientos adquiridos en la producción de investigaciones monográficas personales.
2. Con relación al campo afectivo. Se busca que el alumno adquiera:
2.1. Una perspectiva personal acerca de la vinculación del propio hacer arquitectónico-profesional con la problemática política-filosófica.
2.2. Capacidad de argumentar sus perspectivas personales con relación al resto de los integrantes de la cursada.
2.3. Compromiso con sus investigaciones personales para presentarlas y justificarlas ante el resto de los integrantes de la cursada.
Contenidos
1. Partimos de una revisión del concepto de laberinto (como confluencia de saber y poder), que no sólo nos permite situarnos en la dimensión mítico arquitectónica, sino que lo empleamos en una doble articulación, según nuestra perspectiva: como clave de interpretación epocal, diferenciando los usos del laberinto entre (antiguos, medievales y contemporáneos) y como categoría de interpretación contemporánea exclusivamente, vinculada a diferentes “lugares de paso” (Amuchástegui 1999, 2001).
2. La trilogía espacio cerrado-espacio público-espacio privado nos permite centrarnos en el estudio en la formación de la Polis griega. El pasaje del mito al logos ubica a la palabra secularizada, que habitualmente se conoce como discurso racional, en los cambios político-institucionales cuyos resultados se muestran en el siglo V aC. Haremos un análisis genealógico de la noción de isonomía mostrando que deriva de la idea de centro y de semejanza. Los repartos de botín de las cofradías guerreras son el antecedente lejano de una nueva geometría política: el círculo. El mundo religioso se sostiene en una concepción cónica del espacio con un vértice lejano e invisible, el lugar del único, y una base de máxima extensión. Estudiaremos el pasaje del cono al círculo, de una palabra esotérica a otra exo-térica, de un espacio cerrado, oculto a otro cuya necesidad será la de ser público. La noción de publicidad implica la circulación de una palabra entre semejantes, parlantes ubicados a una misma distancia del discurso del poder y con igual acceso al lugar del poder: la polis. Ágora, vida política y pensamiento sofístico están íntimamente articulados y se oponen al modelo laberíntico originario.
3. La cultura griega tiene sus formas arquitectónicas dominantes: el templo y el teatro. Analizamos la primera de ellas en relación con las ideas de distancia, límite y superficie, que dominan la práctica religiosa olímpica y determinan un culto-espectáculo, factor de cohesión y de control social. El teatro, nacido en el seno de una religiosidad de diversa matriz, el culto dionisíaco, llega sin embargo al ámbito público y cumple un curioso papel en la paideia ético-política. Su forma arquitectónica cifra su compleja función.
4. Pero junto a este espacio abierto subsiste contemporáneamente un espacio cerrado: las sectas filosóficas, cuyo modelo es la órfica pitagórica. El saber filosófico es allí pensado como conocimiento accesible a cualquiera que se someta a la disciplina de la iniciación. El conocimiento del orden matemático del mundo, de larga duración en la cultura que trasciende a su recuperación medieval, apunta a apartarse de la ciudad para regresar a ella en la figura del sabio. La caverna platónica, en donde el exterior solar es equivalente al conocimiento esencial, es la contracara de la oscuridad laberíntica y dibuja en el siglo IV la figura del rey filósofo.
5. Las filosofías morales, el estoicismo y el epicureísmo, constituyeron durante los tres primeros siglos de nuestra era un símil de religión oficial. Sus consejos prácticos tienen un objetivo: la autarquía, el poder sobre sí mismo. Este resultado es el fruto de lo que Foucault define como “tecnologías del yo”. Se trata de construir un yo según un ideal, el del sabio. Y el sabio actúa en la ciudad. Estudiaremos el pasaje del discurso estoico al del cristianismo primitivo y sus implicancias ideales. Del sabio al santo, del espacio urbano cosmopolita al espacio de la soledad monástica. El desierto es otra categoría espacial que forma parte de los imaginarios filosóficos cristianos en oposición al orden urbano. La anacoresis de los cristianos de Oriente se opone a la filantropía urbana como la pureza del desierto a la corrupción de la nueva Babilonia que finalmente caerá en la decadencia.
6. La elevación de las catedrales góticas recuperará la espectacularidad. Estos edificios de piedra, vidrio y luz pueden ser pensados como enormes máquinas de conversión que, en tanto tales, han ciertamente funcionado como condiciones necesarias, aunque no suficientes para la expansión del catolicismo y, por ende, de la llamada cultura occidental. El brillo del oro y las piedras preciosas, las esculturas que participan en el combate contra la herejía son parte de un complejo dispositivo que cobra mayor peso bajo el invento de los vitrales, en tanto instrumentos pedagógicos de finalidad catequizante. El París del siglo XII unifica en sus construcciones un modelo que será ampliamente repetido. La filosofía neoplatónica del Pseudo Dionisio Areopagita es el guión que el abad Suger de Saint Denis traducirá en la piedra. Una proyección moderna de la lógica catedralicia puede encontrarse en la Secretaría de Educación Pública del filósofo mexicano José Vasconcelos. Si el modelo catedralicio nos permite pensar la formación de una cultura, el modelo de la Secretaría, como edificio inaugurador del muralismo aparece como cumpliendo una función esencial a la constitución de una identidad, en este caso la mexicana.
7. Teniendo como referencia el antecedente nietzscheano, principalmente el establecido en Genealogía de la moral, este punto tiene por referente la temática de la formación disciplinaria de los sujetos y la función del encierro. En el mundo griego de saberes ocultos y poderosos que prohibía el acceso a las fuentes del saber y del conocimiento a unos pocos, designados por lo divino o por su propia capacidad encontramos ya los espacios cerrados. Los espacios de encierro aparecen como un reverso del cerrado.
En estos dispositivos el operativo de encierro prohíbe la circulación por los espacios abiertos, legales. Se puede encerrar de los modos más diversos y la historia de la humanidad es una muestra de la imaginación al servicio de la exclusión. Siguiendo la obra de Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, describiremos el tránsito por instituciones que corresponden a diversas formas de encierro. Los leprosarios, las naves de los locos, los hospitales generales y los asilos para alienados conforman distintas alternativas de inclusión/exclusión. Al desaparecer la lepra el leproso es reemplazado por el loco. El loco está signado por el destino. El medioevo produce en lo imaginario y en lo real la figura de la deriva, de la nave de los locos que boga entre las ciudades fortificadas. Este tipo de encierro resulta de un mundo en el que el “más allá” es anunciador de lo terrible, en el que lo que viene de afuera y arriba descifra la verdad de aquí abajo. El loco medieval es un anunciador, la voz de Satán resuena con la misma fuerza que la del Señor. En las oscuras épocas del medioevo la razón aún respeta la locura.
El Renacimiento, la Reforma y la Contrarreforma se levantan como un nuevo marco de la figura de la Razón y nos presentan a un loco que ya es un idiota, un tonto. El antiguo terror que producía se convierte en risa. La nueva atmósfera intelectual que anuncia los tiempos modernos sitúa a la virtud en el trabajo. Poco a poco todos los seres improductivos estarán confundidos en esta nueva impotencia: no sirven. El nuevo lugar del gran encierro será llamado Hospital General. El espacio social nos mostrará una superficie lisa interrumpida por cráteres compactos y apagados: los espacios de reclusión.
Los tiempos de la Revolución Francesa son tiempos de liberación de locos. El loco será un ser específico, una especie discriminada en el orden de lo marginal. Se lo definirá como alienado, alguien que adolece de la pérdida de una parte de su razón, de su universalidad, y que los médicos alienistas ayudaran a recuperar y para ello tendrán sus espacios exclusivos, el asilo de alienados.
En Vigilar y Castigar, Foucault estudia el nacimiento de la prisión. Parece una evidencia que el infractor deba ser encerrado y, sin embargo, no es así. La prisión es un proyecto de nuestra modernidad. Analizaremos el paradigma de la pena situándolo primero en la plaza de los suplicios, una crueldad transformada en espectáculo. El ascenso de la burguesía corresponde a una nueva concepción de los cuerpos. El proceso de industrialización sólo puede llevarse a cabo si el cuerpo sinónimo de fuerza de trabajo es aprovechado en todas sus cualidades rendidoras. Los reformadores franceses del siglo XVIII elaboran una concepción del castigo apelando a la reeducación pertinente a su nueva propuesta. Fue Jeremías Bentham el que creó el diseño de un proyecto político-arquitectural que llamó Panóptico y destino como modelo ideal de las prisiones. Foucault llama sociedad disciplinaria al proyecto social en el que la vigilancia hace prescindible la crueldad. Cuarteles, escuelas, prisiones, fábricas, hospitales, deben ser diagramados de modo tal que los cuerpos sean visibles en su más fina transparencia, analizados al detalle, cronometrado su tiempo, calculadas sus posturas más acordes a la eficiencia, es necesario producir un cuerpo disciplinado para lograr el cuerpo productivo.
8. Introducimos el pensamiento de Gilles Deleuze, de explícito cuño nietzscheano y relación amistosa aunque polémica con el pensamiento de Foucault, por su innegable presencia en ciertas tendencias de la teoría arquitectónica actual. La estructura del conocimiento abandona su modelo arbóreo: en Mil mesetas, Deleuze propone la idea de un conocimiento de crecimiento aleatorio y no jerarquizado, sin centro ni periferia, la idea de “rizoma”. Defensa de la diferencia, de lo múltiple, de lo otro, de un “pensamiento nómada”. Revisamos su caracterización del pliegue leibniziano en la articulación de la fachada independiente y el interior autónomo de la arquitectura barroca.
9. Finalmente, la concepción foucaultiana ha tenido repercusión en distintos especialistas del espacio. La “caja de herramientas” conceptuales ha sido aplicada en diferentes vertientes. Tanto para refundar una ciencia del espacio como es la geografía en el caso de Edward. Soja, como para repensar edificios contemporáneos en relación con los textos que los preceden y continúan como son los análisis discursivos y visuales que realizan la dupla Markus-Cameron o para replantear los poderes de los arquitectos y planificadores en sus prácticas profesionales y pedagógicas, como hace como Fischler, para citar algunos que hemos relevado en nuestra búsqueda de mantener actualizada la problemática de la materia.

Hola estoy interesado en cursar esta materia.
ResponderSuprimirSe necesita algún conocimiento previo?
tlextos o libros ya leidos?
mi mail es
arrest.this.man@hotmail.com
gracias